Me cuesta poner en palabras lo que fue mi experiencia en Minga Lodge. Fui sola, pero en ningún momento me sentí así. Estuve rodeada de un equipo increíble: Estuardo, el genio de la canoa; Ismael, al volante del 4x4; Peter, en el bar y las comidas, gran fan de los chontacuros; Sebas, el chef, que nos sorprendía cada día con platos deliciosos (y generosos); Pancho, el handyman; Zaida, dejando mi habitación impecable; y Sabine, con quien coordiné todo desde el inicio.
Una mención muy especial a Alfonso, mi guía y compañero del día a día: gracias por todo el conocimiento compartido y contagiarme tu pasión por los pájaros y la fotografía (espero verte en National Geographic).
Gracias a cada uno por hacer de esta experiencia algo inolvidable.
Y no puedo dejar de mencionar a Cami, quien lleva el Santuario de animales. Gracias por abrirme las puertas a su trabajo; sin duda, es lo que hace que este lugar tenga un valor diferencial. Es admirable lo que hacen, y espero volver pronto, esta vez como voluntaria.
Si buscas un lugar con un verdadero compromiso social y de conservación, sin renunciar a la comodidad, este es tu sitio. La inmersión en la naturaleza, la cultura, las tradiciones y el día a día de quienes viven allí es simplemente increíble.
Decir que lo recomiendo se queda corto.